No siempre soy conciente de la fuerza que necesito para empujar mi terquedad hasta el final.
Por lo menos el impulso con el que empiezo, no huye despavorido cuando nos vemos descoloridos, y desde aquí, todo se ve prometedor.
No siempre soy conciente de la fuerza que necesito para empujar mi terquedad hasta el final.
Por lo menos el impulso con el que empiezo, no huye despavorido cuando nos vemos descoloridos, y desde aquí, todo se ve prometedor.